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¿A quién quieres más, a mi hermano o a mí?

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Si todavía no has escuchado la dichosa pregunta, ese día llegará. Y más vale tener la respuesta bien clara. Por suerte, a nuestro rescate viene Martina Pérez Oliván, pedagoga y coordinadora del Área de Crianza de la Universidad Popular de Logroño.

Si todavía no has escuchado la dichosa pregunta, ese día llegará. Y más vale tener la respuesta bien clara. No solo para ese momento, sino para la relación que se establecerá desde el mismo día que le des la noticia: «Cariño, vas a tener un hermanito».

Para ello, volvemos a contar con la colaboración de Martina Pérez Oliván, pedagoga y coordinadora del Área de Crianza de la Universidad Popular de Logroño.

¿Y tú a quién quieres más? Debajo de esa pregunta subyace el deseo de ser especial. En realidad, no quiero que me respondas que nos quieres por igual, quiero que me digas que yo soy diferente, quiero que me digas que yo soy especial para ti.

En otras palabras, no me sirve que me digas que me quieres igual que a mi hermana, lo que necesito es que me digas qué tengo yo de especial y por qué me quieres.

[quote color=»#000000″ arrow=»yes» align=»center»] No digas: «Te quiero igual que a tu hermana», sino destaca aquello que le hace especial.[/quote]

 

Tenemos que hacer un esfuerzo para que cada hijo y cada hija se sienta valorado y amado, tenido en cuenta. Tenemos que hacerle saber que tiene un lugar importante dentro de su familia. Tiene que saber cuál es su puesto en la «manada» y que sin él o ella el engranaje familiar no funcionaría.

Cuando nos enteramos de que vamos a tener un segundo hijo sentimos mucho miedo porque creemos que no vamos a ser capaces de quererle tanto como al primero. Pero todo este miedo infundado se evapora en el mismo momento que le vemos la cara. Como por arte de magia, el corazón se divide y crea otro igual con la misma capacidad de amar… Y esto pasa tantas veces como hijos se tiene.

Con cada hijo o hija, desde que le conocemos, establecemos una relación diferente porque son personas diferentes y porque aparece en nuestras vidas en momentos diferentes de nuestro propio proceso personal. Las relaciones no son ni mejores ni peores.

¿Existe un hijo favorito? Con honestidad, padres y madres, debemos reconocer que es posible que con unos hijos tengamos más afinidad que con otros. Que conectemos y nos comuniquemos mejor con unos que con otros. Pero, importante, aunque el trato con uno u otro hijo sea diferente, eso no significa que deba ser desigual.

[quote color=»#000000″ arrow=»yes» align=»center»] No hagas lo mismo con todos tus hijos, no les compres lo mismo, ni les eches la misma cantidad de comida…. Ni ellos ni sus necesidades son iguales. [/quote]

 

Por tanto, no podemos decirle que le amamos más o menos; mejor o peor…  Podremos decirle que le queremos de manera diferente porque es diferentes. En el mundo de la fantasía se lo explicamos con ejemplos: a un elefante no se le puede querer igual que a una hormiga o decirle que les queremos de diferentes colores, etcétera.

Lo diferente no es malo; al revés, aporta a cada persona un sentimiento de ser único y por lo tanto especial, sin comparación ni competencia, sin ser mejor o peor que nadie.

Todo ello, resumido en un listado que puedes imprimir y tenerlo bien a la vista:

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  • Utiliza el singular y su nombre propio para decirle que le quieres y qué estás orgulloso de él o ella. «Paula, te quiero».
  • Dile lo que te gusta de él o ella sin comparar.
  • No hagas lo mismo con todos, no les compres lo mismo ni les eches la misma cantidad de comida, etcétera. No son iguales. No tienen las mismas necesidades, no lo veas como una cuestión de justicia.
  • Dedica un tiempo propio e íntimo para cada uno, para hacer una actividad, algo sencillo que os una y que los dos hagáis muy a gusto. Echa un vistazo a los cursos del área de Crianza de la Universidad Popular; en algunos aún quedan plazas libres que pueden servirte para compartir un rato con cada uno.
  • No hagas comparaciones ni en positivo y en negativo.
  • Cuidado en el reparto de tareas: no discrimines por sexo o por mayor o menor, hazlo según la edad que tiene cada uno y sus características. Haciendo así que todos se sientan integrados e importantes en el engranaje familiar.
  • Respeta y defiende todas las opiniones asegurándote de que todas se escuchan.
  • Observa que se rían las gracias de todos.
  • No permitas las burlas ni etiquetas.
  • Evita las competiciones entre hermanos y los premios al  «mejor «. No hay mejor ni peor en casa.
  • Cuidado con las expectativas. No esperes lo mismo de todos; son diferentes.
  • Hazle sentir que al darle un hermano le diste el mejor regalo no un rival, como dicen Adele Faber y Elaine Mazlish en su obra ‘Hermanos, no rivales’.

 

Nuestro agradecimiento a Martina Pérez, pedagoga y coordinadora del Área de Crianza de la Universidad Popular de Logroño.

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