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Parque de La Grajera: patos, picnic familiar y el Camino de Santiago para hacer con niños

A veces no hace falta recorrer muchos kilómetros para sentir que has salido completamente de la ciudad. Eso es exactamente lo que ocurre en el Parque de La Grajera.

Apenas a cinco kilómetros de Logroño, este enorme espacio natural combina un embalse rodeado de vegetación, caminos sencillos, animales en semilibertad y zonas perfectas para pasar el día en familia.

Hoy es uno de los grandes pulmones verdes de la ciudad, un gran parque recreativo que disfrutan familias, senderistas, ciclistas y peregrinos.

Se puede llegar en bici, coche (los aparcamientos son amplios y gratuitos) o autobús. Las familias más activas también pueden hacer el trayecto andando, al igual que lo hacen los y las peregrinas del Camino de Santiago.

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Un paseo fácil entre patos, cisnes y gamos

Para conocer La Grajera en todo su esplendor, lo mejor es realizar el recorrido circular alrededor del pantano. Son unos cuatro kilómetros llanos y aptos para todas las edades. Un paseo tranquilo donde siempre pasan cosas: patos nadando cerca de la orilla, peces asomando entre el agua, ardillas cruzando el camino o familias observando a los gamos que viven en semilibertad.

Aquí la naturaleza se convierte en un pequeño juego de exploración para los peques.

El parque destaca precisamente por su enorme riqueza ecológica y por la variedad de ecosistemas que conviven en torno al embalse. Entre las aves más habituales aparecen ánades, somormujos, fochas, garzas o cormoranes. Con algo de paciencia también se puede observar al aguilucho lagunero sobrevolando el carrizal. 

También es habitual encontrar personas pescando carpas, tencas o truchas arco iris (en las zonas permitidas y con el permiso correspondiente).

Y si vais con prismáticos, mucho mejor.

Seguir las flechas amarillas del Camino de Santiago

Uno de los detalles más singulares de La Grajera es que el Camino de Santiago pasa justo por aquí. Así que, además de saludar a peregrinos y desearles ‘Buen Camino’, también podéis jugar a convertiros en uno tan solo siguiendo las características flechas amarillas.

Si os animáis a subir hasta el Alto de La Grajera, tendréis una de las mejores panorámicas del parque y de la ciudad de Logroño al fondo.

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Dos zonas infantiles y mucho espacio para correr

Otro de los puntos fuertes para familias son sus amplias áreas de juegos infantiles, diferenciadas por edades. Hay columpios, estructuras para trepar y mucho espacio abierto para correr sin agobios, porque los coches no pueden transitar por aquí.

Además, el parque cuenta con mesas de picnic, bancos, fuentes y baños, así que resulta muy cómodo para pasar allí toda la mañana o incluso organizar una comida campestre.

Nota: La cafetería permanece actualmente cerrada, por lo que conviene llevar comida y agua si queréis pasar varias horas.

Talleres ambientales y observación de fauna

Los fines de semana, en su Aula Didáctica se organizan talleres infantiles relacionados con la naturaleza y el medio ambiente, y están pensados para disfrutar en familia.

También se realizan itinerarios guiados y actividades de observación de aves aprovechando el observatorio ornitológico y el material disponible, como telescopios o prismáticos.

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Datos prácticos para visitar La Grajera con niños

  • Distancia desde Logroño: unos 10 minutos en coche del centro y conectado también por carril bici y autobús.
  • Tipo de ruta: Paseo circular muy sencillo (4 kilómetros) alrededor del embalse.
  • Qué llevar: Agua, algo de comida para el picnic, prismáticos y ropa cómoda.
  • Mascotas: Se puede ir con perros, siempre atados.
  • Mejor momento para ir: Primavera y otoño son especialmente bonitos por la actividad de aves y los colores del paisaje.

Tips para disfrutar más la visita: 

Si vais con niños pequeños, merece la pena hacer el recorrido sin prisas. En La Grajera el verdadero plan no es “llegar”, sino detenerse constantemente: observar un pato cuchara filtrando comida con su pico o descubrir cómo despega una focha corriendo sobre el agua antes de levantar el vuelo.

Y quizá esa sea la magia de este parque: permitir que, durante unas horas, olvidemos la ciudad aunque siga estando a solo unos minutos de distancia

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