Octubre no suele figurar en el calendario de las vacaciones familiares. Casi siempre lo asociamos a la vuelta al cole, a los primeros fríos y a la rutina que se instala después del verano. Pero es también el mes que abre la posibilidad de cambiar unos días de rutina por la costa portuguesa, con menos gente en las playas y un ritmo mucho más tranquilo que en agosto. Ohai Nazaré aprovecha justo esas fechas, las de Halloween, para convertir un fin de semana cualquiera en una escapada familiar encantadora.
Llegar a Nazaré y sentir que empiezan las vacaciones
Nada más entrar en el resort cambia el paisaje. Los pinares sustituyen al asfalto y el ritmo del día baja varios cambios, casi sin darte cuenta. Una de las formas más cómodas de instalarse ahí es el glamping en Portugal, que junta la sensación de dormir entre árboles con una cama amplia, cocina propia y baño privado, justo lo que se necesita cuando viajas con niños pequeños.
Ohai Nazaré se encuentra dentro de una reserva de pinos, junto a la costa, a poca distancia de las playas de Nazaré. Después de dejar las maletas, suele quedar tiempo de sobra para un primer paseo antes de que caiga la tarde.
Viajar con niños pequeños cambia bastante cuando cuentas con espacio propio. La cocina equipada permite preparar la cena sin ajustarse a horarios de restaurante; hay zonas comunes donde jugar, y moverse por el resort a pie evita coger el coche durante todo el fin de semana.
Halloween que dura más que una noche
Con la maleta ya deshecha, llega el motivo que trajo hasta aquí a muchas familias, Halloween. Ohai Nazaré celebra estas fechas dentro de su programación de otoño, así que la noche de disfraces termina siendo el motivo para reservar unos días completos en vez de una escapada exprés.
La idea de fondo es que, en vez de organizar solo la noche del 31, la estancia se piensa como unas minivacaciones. Hay margen para pasear por Nazaré durante el día, bajar a la playa si el tiempo acompaña y dejar que la noche de Halloween llegue como cierre.
Ese planteamiento encaja bien con quienes buscan algo distinto al típico puente de otoño en casa. Son días fuera, con el ambiente festivo de fondo, pero sin que la estancia dependa de una sola noche para justificar el viaje.
Una escapada familiar fuera de temporada alta
Ese viaje, además, sucede fuera de la temporada alta, algo que tiene sus propias ventajas. Octubre deja menos gente en las zonas comunes, más tranquilidad alrededor y un resort que se disfruta a otro ritmo, lejos de las prisas del verano.
Ese ritmo más pausado es también el que permite aprovechar mejor el tiempo en familia. Se desconecta del móvil casi sin proponérselo, se alargan los paseos por el pinar y los niños juegan al aire libre sin que nadie mire el reloj.
Para muchas familias, este tipo de escapada de otoño termina convirtiéndose en costumbre. Es un viaje corto, distinto al de verano, que rompe la rutina de la vuelta al cole y deja la sensación de haber hecho algo diferente sin necesidad de grandes planes.
Al final, lo que se recuerda de esta escapada tiene poco que ver con los disfraces de una sola noche. Tiene que ver con llegar al pinar cuando cae la tarde, con pasear sin prisa y encontrar la playa casi vacía a media mañana. Halloween marca la fecha en el calendario, y esos días completos son los que hacen que el viaje merezca la pena.










