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Encierro en casa (día 4): el momento bronca tenía que llegar

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Cuarto día de encierro. Llegó el momento que temía iba a llegar. No soy una broncas, pero sí un pelín obsesiva. Creo firmemente en que ya nadie debe salir de su casa, y lo voy a defender a capa y espada. No es el momento de pensar "no te metas en cosas que no te incumben" o "deja que cada cual haga lo que quiera".

Sábado 14 de marzo. Cuarto día de encierro. Llegó el momento que temía iba a llegar. No soy una broncas, pero creo firmemente en que ya nadie debe salir de su casa y lo voy a defender a capa y espada. No es el momento de pensar «no te metas en cosas que no te incumben» o «deja que cada cual haga lo que quiera». De nuestros comportamientos, puede depender que una persona viva o muera. Así de tajante.

Me explico.

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Tengo perra y debo pasearla. En mi salida nocturna me encontré con un grupo de cinco chavales sentados en un banco, por cierto bien juntitos. Me empezó a hervir la sangre de tal manera que les increpé a gritos que se fueran a su casa. No contentos con no hacerme ni caso, entre risas me empezaron a soltar comentarios del tipo: «si nosotros estamos todos ya infectados», «déjanos en paz» y otras delicadezas que no voy a transcribir.

Espero que este mensaje no se entienda como una invitación a discutir con todo quisqui, sino a ejercer nuestra responsabilidad. A estas alturas de la película, considero que sí hay que meterse en la vida de los demás, porque de la suya depende la tuya, la mía y la de todos.

Reconozco que yo no lo hice bien -les grité, cuando tendría que haber intentado conversar con ellos-. Soy humana y estaba cabreada. Así que un mensaje para padres y madres de adolescentes. No me cabe la menor duda de que en un encierro es más difícil convivir con quinceañeros que con niños pequeños. Por eso, os toca hacer un esfuerzo extra para, literalmente, nadar contra natura e impedir que salgan de casa.

A nuestro alrededor, tenemos muchas personas agnósticas, o que no entienden el alcance de la frase «Quédate en casa salvo para lo estrictamente necesario». Confieso que, hasta ayer, mi errónea concepción del «quédate en casa» incluyó permanecer media hora en el parking charlando con una vecina-amiga, aunque a dos metros (medidos) de distancia. Nos sentimos tan mal, que nos prometimos no volver a hacerlo.

Recuperando el tiempo perdido

La parte positiva de todo esto es que, además de mostrar solidaridad a raudales, las familias estamos recuperando decenas y decenas de horas perdidas. Estamos jugando, riendo, colaborando y aprendiendo nuevas tareas como nunca. Todavía no se nos ha caído la casa encima y esperemos que siga así.

Nos estamos conociendo todos un poco más, tanto a nosotros mismos como a otros miembros de la familia, y nos estamos queriendo mucho, aunque sea en la distancia.

 

 

 

 

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