Firma invitada: Ana Rodríguez Benito. Guía canina en IAA, Educadora canina y Experta en vínculo humano-animal.
Cuando un bebé llega a casa, llega con él un amor tan fuerte y grande que todo lo mueve, lo descoloca para, en muchos casos, colocarlo en un lugar mejor. Si tenemos un perro en ese hogar, él también tiene que encontrar cómo ser parte de esa nueva estructura. Es por ello que nosotros, como responsables y tutores, deberemos ayudar a este ser tan fiel, con el que se creó parte del inicio de la familia, a encontrar su espacio y su manera de amar en este cambio de etapa. Bajo el mismo techo tendremos que encontrar la fórmula perfecta para garantizar seguridad y bienestar a partes iguales.
Y es que la llegada del bebé no ocurre cuando cruza el marco de la puerta. Todos sabemos que hay una serie de preparativos previos, como el cuidado del cuerpo de la madre, la creación de su habitación, el plan de parto o la planificación de posibles horarios y trabajos. Y aquí también el perro debe tener su tiempo de aprendizaje y conocimiento sobre lo que está por venir. La familia va a transformarse en rutinas, relaciones y nuevos tiempos de dedicación.
Cómo preparar al perro antes de la llegada del bebé
Durante el embarazo, deberíamos ir familiarizando al animal con elementos y situaciones. El carro montado y en movimiento por la casa y la calle es algo muy importante y de referencia para el animal, tanto por sus dimensiones como porque va a ser su nuevo acompañante en infinidad de ocasiones.
También los posibles sonidos, que para los perros son tan relevantes, desde los objetos más cotidianos que se puedan necesitar hasta los propios “ruiditos” y llantos que un bebé puede hacer y que podemos encontrar en plataformas de vídeo.
‘Tips’ antes de la llegada del bebé
- Montar el carro y moverlo por casa.
- Practicar con el carro y el perro en la calle.
- Desensibilización a ruidos de bebé (juguetes, llantos, etcétera).
- Habituación a nuevos elementos (cuco, mecedora, cuna).
- Crear zonas de descanso seguras e intocables para el perro.
- Practicar movimientos bruscos y presencia en brazos (muñeco).
- Revisar normas: subir al sofá, acceso a habitaciones, etcétera.
- Planificar y crear nuevas rutinas asumibles con la llegada del bebé.
Sin embargo, a nivel profesional, algo que es innegociable y que marcará una gran diferencia en la convivencia familiar es la comunicación, que ha de ser clara y amable. Estamos de acuerdo en que la educación del perro ha de venir de antes; no podemos esperar a tener un bebé para empezar a enseñar a “no tirar de la correa” o a “aceptar las visitas”. Pero es cierto que pueden aparecer nuevas necesidades con la llegada del bebé que debemos empezar a trabajar meses antes. Por ejemplo, crear un espacio de calma y descanso para el perro donde pueda estar seguro y confortable durante las visitas o en momentos de mayor estrés en el hogar.
Señales básicas de comunicación canina
A medida que el pequeño vaya creciendo, también lo harán los retos en cuanto a la convivencia. El gateo, la curiosidad natural, la necesidad de contacto o los primeros pasos pueden generar situaciones delicadas si no estamos atentos a la comunicación que el perro manifiesta. No se trata de que el animal tenga que tolerarlo todo en todo momento, sino de comprender su lenguaje y actuar en consecuencia para facilitar que niño y perro puedan crecer juntos, construyendo una relación única.
La presencia del adulto no solo ha de ser física, sino también consciente, con capacidad de escucha y observación a través del cuerpo y la mirada. Es innegociable. Aprender las señales básicas de comunicación canina —como bostezar, mostrar ojos de luna, relamerse o girar la cabeza— nos permitirá anticiparnos a malentendidos y actuar como catalizadores de una convivencia adecuada.
Si creemos no conocer este lenguaje o queremos estar más seguros de los pasos que queremos dar para que la familia multiespecie conecte desde el principio, el asesoramiento de un experto en el campo es un gran aliado y un valor seguro para dar con las claves esenciales que vamos a necesitar. Porque no solo siendo un “buen perro” garantizamos que no haya sufrimiento ni preocupación en este nuevo ciclo.
Convivir no es solo compartir un mismo lugar, es aprender a entenderse. Cuando la información, el acompañamiento y el respeto se convierten en la base, la familia se fortalece de una manera profunda y duradera. Incluso en los primeros años de vida, cuando el niño apenas comienza a descubrir el mundo, la relación con su perro puede sentar las bases de valores tan importantes como la empatía, el respeto y la sensibilidad hacia otros seres.
La conexión entre un niño y su perro tiene el potencial de convertirse en uno de los vínculos más significativos y enriquecedores para ambos. Por ello, merece la pena estar presentes, implicados y conscientes, acompañando este proceso con la atención y el cuidado que realmente necesita.
👉 Si te interesa aprender más sobre este tema, puedes apuntarte al taller ‘Convivencia segura entre bebés, niños y perros’, que tendrá lugar este viernes 24 de abril en Trisana (Logroño), y que estará impartido por Ana Rodríguez Benito (Dejando Huella).











